Hola, chicas cosmo.
Acabo de leer uno de esos
artículos que publican en blogs y revistas de tendencias (ahora no es moda ni
belleza, ahora son tendencias) en los que alguien que alguien que, sin querer
insultar, parece creerse sabio y digno de la admiración y la atención que pide,
empieza a darte consejos acerca de cómo vivir tu vida, consejos tan
particulares que cuesta creer que vayan a funcionar bien a tantos cientos de
personas. Si es que somos todos igualitos.
Y con este ya van unos cinco millones
de artículos así. Y todos vienen a decir lo mismo: no preocuparse, disfrutar de
las cosas, un par de películas, un par de libros, un par de canciones, un par
de polvos (por lo que podemos deducir que el sexo tiene el mismo valor
emocional que valor literario tiene un best seller publicado el año de edición
del artículo), un viaje (debidamente planificado por una agencia especializada),
una excentricidad (si alguien te ha dicho que lo hagas ya no es una
excentricidad), alcohol (del de marca, por favor), afecto (breve y sin
defectos, no te vayas a encariñar) y a veces picotear en un par de drogas sólo
por experimentar (¿alguien sabe si en Starbucks venden mota?).
Y me hace mucha gracia el hecho
de que para hacer todo lo que estas personas sugieren hay que invertir bastante
dinero. Y, claro, obtendremos experiencias, viviremos a tope, lo haremos todo
al límite; disfrutaremos de nuestro mundo de cartón piedra, de nuestra fantasía
irresponsable sin enseñanzas de ningún tipo acerca de lo que es vivir, nos tragaremos
sin masticar una lección que no queremos aprender. Y no habremos vivido ni la
mitad que otras personas que no se gastaron ni un duro, porque encontraron por
sí mismas lo que querían hacer, qué canciones querían escuchar, que películas
querían ver, qué libros querían leer, con quién se querían acostar, dónde
querían viajar, qué beber y a quién querer; porque, en definitiva, vivir no cuesta nada. El mundo es una fábrica de
alternativas, cojamos las que nos gusten e inventémoslas si no las hay, pero no
nos convirtamos en alternativos prefabricados.
No hay que esforzarse para hacer
ninguna de las cosas que plantean, ni lo más mínimo; no son formas de vida, son sólo experiencias vacías y sin valor, prestadas de la vida de otra persona. Cuando acaben, seguirás siendo la misma persona; están pensadas para eso, son como una montaña rusa, una forma de huir durante un rato. No cuestan más que el
dinero que valen, y no dejan más poso que el vacío que queda cuando
terminan. Y
en todos esos artículos aseguran que “cuando seas mayor te arrepentirás de no
haberlo hecho” y de que “nunca tendrás las oportunidades que tienes ahora que
eres joven”. Efectivamente, es probable que cuando sea viejo, dentro de menos
años de los que me gustaría, piense que me gustaría haber hecho un par de cosas
que no he hecho; pero creo que para cuando llegue ese momento, ninguna de esas
cosas será las que ponen en sus listas de cosas que tienes que hacer.
Por lo tanto, si llegados a este
punto de la parrafada habéis llegado a coincidir un poco con la sarta de frases
que he soltado, si he conseguido que penséis un poquito aunque no fuera mi
intención, quedaos únicamente con el único consejo que puedo daros acerca de
cómo vivir vuestra vida:
No hagáis caso de los
artículos que os digan cómo vivir vuestra vida.
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